Hace más de ocho años vivía en un apartamento caótico, con estrés constante y sin claridad sobre mi propósito. Trabajaba largas horas, discutía frecuentemente con mi pareja y sentía que por más que me esforzaba, nada fluía. Entonces descubrí el feng shui casi por accidente —una amiga me regaló un libro que recogí del suelo sin mucho interés— y los cambios que empecé a notar fueron tan profundos que no pude ignorarlos.
Lo que más me sorprendió no fue el misticismo del que tanto se habla, sino la coherencia práctica detrás de los principios: la circulación del aire, la organización del espacio, el impacto del color en el estado de ánimo, la relación entre el orden físico y la claridad mental. Todo tenía sentido desde múltiples ángulos —el psicológico, el cultural, el energético.
Decidí formarme en serio. Estudié las tres escuelas principales del feng shui clásico, me certifiqué en la escuela BTB (Black Tantric Buddhist) y seguí profundizando en bienestar energético, aromaterapia y rituales conscientes. Empecé haciendo consultas para familia y amigos, y los resultados —medibles, concretos— me convencieron de que esto era mi camino.
"El feng shui no es magia. Es la ciencia de vivir en armonía con tu entorno. Cuando tu espacio te apoya, todo lo demás fluye con mucha menos resistencia."— Luna García
Hoy, a través de Fluye y Prospera, comparto lo que he aprendido — y lo que sigo aprendiendo — con personas de Colombia, México, España y toda América Latina. El blog nació de una convicción simple: el bienestar energético no debería ser un lujo ni estar envuelto en misticismo innecesario. Debería ser accesible, práctico y aplicable desde hoy.
Cada artículo lo escribo con esa intención: darte herramientas reales que puedas usar inmediatamente, respaldadas por tradición, psicología ambiental y mi propia experiencia práctica con cientos de hogares reales.